Ayer, recibí la triste noticia de que uno de los jóvenes empleados de la plaza de toros de Valencia ha fallecido tras una larga batalla con la más cruel de las enfermedades. Conocí a Emilio cuando era un chaval que venía a la plaza con su padre Emilio Gil Martínez, uno de los acomodadores de mi tendido. En un momento el padre Emilio me sugirió que aprovechara una de las ventajas de su posición para entrar a la plaza. Cuando Emilio padre se retiró, su hijo se hizo cargo de su puesto para guiar a los aficionados a sus asientos en el tendido 4. El arreglo que tenía con su padre pasó al hijo y podía continuar en mi localidad en Preferencia. No me importaba que en las tardes ocupadas tuviera que sentarme en las escaleras o moverme a un palco, mi entrada por la  puerta 15 siempre estaba garantizada. Ocupé esa localidad durante muchos años e, incluso tenía la suerte de conocer a los hermanos Mateo. En el pasado mes de febrero volví a reservar un abono para la feria de Fallas en la taquilla de la plaza por la perspectiva de que algunas corridas se agoten y tendría que sentarme en las escaleras en demasiadas tardes taurinas. Claro que me reservé la misma localidad que ocupé de siempre… Covid-19 puso freno a todo pero fue la familia Gil, quién se hizo cargo del reembolso de mi abono por parte de la empresa (a pesar de que Emilio había enfermado ya).

Hay una frase muy bonita que es: cuando un amigo se va, algo se muere en el alma. Envio mi más sentido pésame para la familia de Emilio, su esposa y su pequeño hijo. Mis pensamientos están con su padre, madre y hermana. Espero que encuentren la fuerza para seguir con sus vidas. Siempre recordaré a Emilio por la alegre recepción que recibí cada vez que entré a la plaza. Puede que no fuera una de las estrellas vestidas de oro, pero para mí era una parte muy importante de mis tardes de toros. Q.E.P.D.

Cronica de Pieter Hildering