UN EMPACADO DE JUSTO Y UN ROMÁN DISPUESTO Y SIN FORTUNA 

Sábado, 27 de julio de 2019. Plaza de toros de Valencia. Más de media entrada en tarde calurosa, de poniente y muy ventosa. Toros de Montalvo, serios, con cuajo y de juego desigual. Destacaron primero, tercero y quinto.

Emilio de Justo (catafalco  y oro) silencio tras dos avisos, oreja y vuelta al ruedo. Román (azul pavo y oro) aplausos tras dos avisos, saludos y silencio. Actuó como sobresaliente Víctor Manuel Blázquez (marino y oro), quien hizo un oportunídimo quite de peligro a Raúl Martí en el cuarto y un aplaudido quite por chicuelinas en el quinto. Entre las cuadrillas saludaron tras banderillear al tercero Morenito de Arles y José Manuel Pérez. Presidió Jesús Merenciano. Pesos de los toros por orden de lidia: 543, 535, 510, 534, 610 (4 bis), 573,  570 kilos.
La reaparición en los ruedos de Román, tras la gravísima cornada sufrida hacia apenas mes y medio en Madrid, constituía el principal argumento de la segunda corrida de toros de esta feria de San Jaime. El rubio coletudo liceísta de Benimaclet volvía a la actividad tras aquella muy seria cogida, que parecía le iba mantener en el dique seco durante más tiempo.
Había dudas entre los aficionados, en primer lugar, por si finalmente iba a torear. Dudas que comenzaron a despejarse el día anterior, cuando salió al ruedo a recibir los brindis de sus compañeros. Y luego, tampoco se sabía cuál iba ser su estado físico y anímico después del percance.
Lo cierto es que Román hizo el paseíllo. Y fue muy emotiva la ovación que le tributaron los aficionados una vez roto el paseo. Una ovación sentida y emotiva. El reconocimiento del torero y de la persona. Luego, los hados no le fueron propicios y en el sorteo no resultó nada afortunado.
A su  primero, poco picado, manso y que embestía con la cara suelta, le tragó lo indecible, y fue metiéndolo en el canasto a base de sometimiento y exposición. Faena de torero macho y dispuesto, de excelente actitud pero que no tuvo remate con los aceros.
Firme, asentado y tragando lo indecible se mostró ante el zambombo, rajado y parado cuarto. Y fue capaz de darse coba ante el morucho sexto, en otra labor plena de aguante y disposición.
Los toros de la ganadería de Montalvo lucieron una presentación más que notable. Serios, con cuajo y cara, luego su comportamiento resultó algo desigual.
Cuajado y engatillado de cuerna el primero, que se dejó pegar en varas y embistió con nobleza y movilidad. No se empleó en el caballo el segundo, distraído y pensándoselo siempre. Manso y poco picado, soltó la cara, descompuesto y no se empleó en ningún momento. El tercero, más bajito pero ancho de sienes y con mucha cara, resultó excelente para el torero. Tuvo prontitud, fijeza, humilló, hizo el avión en la muleta y no dejó de embestir. Un gran toro que tuvo una muerte de bravo.
El castaño cuarto, también lustroso y delantero de cuerna, se resintió de los cuartos traseros y fue devuelto. El sobrero, un zambombo de 600 kilos, salió abanto de chiqueros. Fue un mulo, que echó en la cara arriba y se defendió en el caballo. Luego apretó una barbaridad en banderillas, y llegó al tercio final rajado, a la defensiva, sin emplearse y soltando la cara. Un regalo.
El grandón quinto metió los riñones en varas. Tomó las telas embistiendo con celo, y empleándose, si bien soltando la cara  y prodigando tornillazos. Pero tuvo codicia y siempre quiso. Y el sexto, que asimismo tuvo mucho cuajo, echó las manos por delante de salida. Embistió con brusquedad al caballo, desparramó la vista y embistió a los engaños echando, brincando, áspero, prodigando tornillazos y a la defensiva.
En cuanto al torero pacense Emilio de Justo, cuyo parecido físico y en las formas con Joselito es cada vez más acusado, firmó un excelente quite por chicuelinas al primero, con  el que hizo una muy torera apertura, rematada con un pase de pecho de pitón a rabo. Toreó con desmayo, clasicismo y sentimiento por el pitón izquierdo y luego falló con el descabello de manera estrepitosa.
Ante el tercero consiguió momentos de buen corte y cierta prestancia, aunque pareció estar por debajo del todo. Pareció no terminar de cogerle el sitio, ni la velocidad ni el temple en un trabajo, eso sí, de excelente firma, pero algo ligero y sin la debida templanza. Rutilante, expresivo y con en momentos de gran belleza. Lo remató de una gran estocada.
Y en el quinto, al que le hizo un quite por chicuelinas el sobresaliente Víctor Manuel Blázquez, trazó otra faena de muletazos de excelente corte. Expresión y empaque, apostura y gusto fueron los ingredientes de un trabajo mal rubricado con las armas toricidas.
 Crónica de Enrique Amat
Fotografias de Mateo. Tauroimagenplus