Hace quince años el toro Pajarito salió de la puerta de toriles, echó un vistazo a su futuro, corrió hasta la barrera de la plaza de toros y de un poderoso esfuerzo saltó las tablas, sobrevoló por el callejón y aterrizó en las primeras filas de la Plaza México. Inmediatamente su salto atlético se convirtió en noticia de primera plana, se mostró en todas las cadenas televisivas e incluso hoy es uno de los videos más visitados en el internet. 

El vuelo de Pajarito resultó en 11 víctimas. La más grave sufrió una cornada en el bajo vientre, otra una fractura de pelvis. Pero cada vez que veo las imágenes de su inusual logro, mi atención se centra en los rostros aterrorizados de la gente en el tendido que de repente se encuentra en peligro de muerte. Siempre me recuerda algo que pasó hace muchos años en la feria de Málaga del 1962: Era sábado 4 de agosto y un atractivo cartel prometió siete toros del Marqués de Domecq (uno para el rejoneador Fermín Bohórquez) para los matadores Antonio Ordoñez, Curro Romero y José Maria Montilla. John Perridge, un joven profesor de idiomas de Londres suplicó a las autoridades que le permitieran entrar al callejón para poder tomar fotos de la corrida y para su sorpresa le habían dado un pase. Quince minutos antes del inicio del festejo se lo había mostrado al portero del patio de cuadrillas, quien le dirigió a un sitio en uno de los burladeros del Tendido 3 reservados para la prensa. Después de una decepción de Ordoñez con su primer toro y para tomar fotos aún mejores, salió de su incómodo burladero y se paró directamente detrás de la barrera. Según la crónica de Antonio Diaz Cañabate en ABC ocurrió lo siguiente: “El segundo toro, llamado Fusilero con un peso de 522 kilos, tomó tres varas. La primera y segunda bien, la tercera con codicia. Curro quiso torearlo con la muleta. No pudo porque al extremar la desconfianza no se puede torear. Un pinchazo huyendo. Otro. E inopinadamente el toro salta al callejon por la parte llamada de los capotes, donde se agrupan los muchos que estorban allí y coge a uno de ellos.”

En un instante, todos se dispersaron para encontrar refugio del animal furioso, pero el inglés, que no había podido apartarse suficientemente rápido, fue menos afortunado y vio al toro venir directamente hacia él. La bestia arremetió y hundió su cuerno profundamente en el muslo del desafortunado pseudofotografo. Unos momentos tensos después, los asistentes lograron devolver el toro al ruedo y llevaron a Perridge a la enfermería de la plaza. 

Continua Diaz Cañabate en su crónica en ABC: “En la enfermería fue asistido de una herida muy grave en el muslo derecho, con orificio de entrada y salida y lesiona el paquete vascular.” Para sorpresa de todos no afectaba el fémur ni la arteria femoral. Después de una operación de una hora y media bajo anestesia local, una ambulancia llevó al paciente a un sanatorio local para que se recuperara de su terrible experiencia.

Mientras convaleció, el inglés fue visitado casi a diario por dignatarios locales y compatriotas. Incluso el criador del toro que lo había herido tan gravemente, hizo una visita inesperada así como la prensa local, que informó ampliamente sobre el progreso de su recuperación: “¿Qué fue de tu maquina?”, preguntó uno de ellos. “La salvé…”, fue la respuesta. “Fue de lo primero que me preocupé cuando llegué a la enfermería. Antes de que me anestesiaron, pregunté por mi cámara. Ya veremos si lo que hay dentro, película en color, no ha sufrido deterioro después de tantos porrazos”. 

John Perridge volvió a Malaga y a La Malagüeta por muchos años. Para su propia sorpresa se convirtió en una celebridad local. Hasta el día de hoy su nombre se pronuncia con admiración y reverencia. El Fotógrafo le llaman.

Crónica de Pieter Hildering

Fotografias de Archivo