Hay que dar gracias a Dios

Ponce y Roca Rey  salen a hombros en Albacete y El Juli da otra espléndida tarde aún sin puerta grande y pese a que los toros de Daniel Ruiz no dieron el juego esperado.

Albacete, 13 de septiembre. Sexta de feria. Lleno de ”No hay billetes”.

Toros de Daniel Ruiz, el cuarto corrido como sombrero, desiguales de presentación y juego, destacando quinto y sexto.

Enrique Ponce (de tabaco y oro), silencio y dos orejas tras aviso.
El Juli (de negro y oro), silencio y oreja.
Roca Rey (de azul noche y oro), dos orejas y ovación con aviso.

De las cuadrillas destacaron Viruta y Álvaro Montes

No se cumplió el dicho que asegura que las tardes de expectación acaban en decepción. Expectación hubo, claro está. Ya desde hacía días sólo quedaba en taquillas el cinco por cien obligatorio de entradas para poner a la venta el día del festejo.Y se agotaron en cuestión de minutos. El festejo comenzó un cuarto de hora más tarde esperando a que la gente acabase por encontrar su localidad y se acomodase.

Luego la cosa se torció de salida, con dos toros de muy poca presencia y menos juego que hicieron inútiles los esfuerzos de Enrique Ponce, que tuvo que desistir ante la nulidad que tenía enfrente, y El Juli, que nada pudo hacer frente a un torillo que en ningún momento plantó cara.

Pero con el tercero el panorama cambió. El animal ya tuvo más entidad, haciéndose ovacionar Roca Rey al torear de capa, estallando la gente cuando comenzó su primera faena con unos escalofriantes pases cambiados por la espalda en los que ni se inmutó ni movió un pelo. El toro se desplazó con buen son, lo que aprovechó un torero muy dispuesto, poderosísimo y capaz para sacar hasta el último muletazo que tuvo su antagonista en una labor fresca, valiente y vibrante, con una técnica depurada y un muy variado y extenso repertorio, volcándose sobre el morrillo para conseguir ya dos orejas y asegurar la puerta grande.

Este triunfo sirvió de acicate para Ponce, que vio como se devolvía al cuarto al partirse un cuerno en banderillas, y que no quiso irse de vacío pese que el sobrero -cuya muerte brindó a su subalterno y amigo Mariano de la Viña, pregonero de esta feria y que luego le sacó a hombros, tampoco ofrecía apenas garantías. Pero poco a poco le fue sobando, dándole confianza, aguantando también parones y miradas muy inquietantes hasta meterle en el engaño. A partir de ahí desplegó su inmensa tauromaquia para apurar a un toro que acabó rendido a él y aún echó las rodillas al suelo en busca del éxito, como si con casi treinta años de figura necesitase el triunfo para sumar contratos. Otras dos orejas y la tarde amortizada. Expectación convalidada.

Tampoco El Juli quiso ser menos y aprovechó la movilidad y nobleza del quinto para sacar una labor muy templada, poderosa e inteligente, maciza y sólida, a la que le sobró un pinchazo antes de cobrar la estocada definitiva para acompañar a sus compañeros por la puerta grande.

No terminó de redondear su actuación Roca Rey con el sexto, que tuvo nobleza y recorrido pero con el que no acabó de estar a gusto ni verlo claro.

Hay que dar, desde luego, gracias  a Dios, por haber permitido que confluyan en el mismo período de tiempo tres tan grandísimos toreros, con tres estilos bien distintos, con tres motivaciones diferentes pero un mismo objetivo: hacer disfrutar a la gente toreando a un nivel que nunca antes se había visto en la ya larga historia de la tauromaquia.

 

Cronica de Paco Delgado de Avanace Taurino