Curro Valencia en el recuerdo

Una reconstrucción

El matador Francisco Gázquez ‘Curro Valencia’ mató su último toro el domingo 26 de julio de 1987. Mató bien y el público le invitó a dar una vuelta al ruedo. Tenia casi 40 años de edad y aunque hubiera conseguido algún éxito, su carrera no se había desarrollado como había deseado, veinticinco años antes, cuando decidió ser torero. Le costó mucho tiempo ir ascendiendo de categoría hasta llegar a novillero con picadores, grado que le permitía matar novillos de tres años. Toros ya, pero todavía no.

Pero eso no era suficiente para Gázquez y como todo novillero, para él también su sueño era tomar la alternativa, llegar a matador de toros. Así que esperó el momento oportuno para ser protagonista de ese acontecimiento especial, cuando le entregaran la espada ceremonial y matara el primer toro de la tarde. Esa oportunidad nunca llegó y porque no hizo, Curro tomó personalmente las riendas del asuntos. Para tan importante ceremonia se necesita un matador ya consagrado, así que él convenció a su amigo y valenciano Manolo Sales para que fuese su padrino y eligió a José Hernández ‘El Melenas’ para ser el testigo de la alternativa.

Ahora Gázquez necesitaba una plaza de toros y qué mejor lugar que la plaza más importante del mundo: Las Ventas del Espíritu Santo de Madrid. ¿Pero cómo lograrían entrar a formar parte de ese mundo tan exclusivo? Sólo había una cosa por hacer: Gázquez, Sales y ‘El Melenas’, vestidos con sus típicos trajes de luces (pero calzando zapatillas de deporte) anduvieron los 355 kilómetros que hay de Valencia a Madrid a pie. Cuando llegaron, acamparon al lado de la plaza de toros hasta que les dieran una corrida para la alternativa de Curro.

Llegaría a ser uno de los viajes más épico en la historia de la tauromaquia y, por fin, a las siete de la tarde del día 25 de abril de 1982, Sales consagró a Paco Gázquez ‘Curro Valencia’ como matador de toros.

¿Cómo llega a ser matador?
¡Por pura determinación!

Pasa el tiempo y llegamos nueve años más tarde al 27 de julio de 1996 un dia que nunca debería haber sucedido. Deberían haber leído las señales cuando los veterinarios rechazaron a los animales, pero toda las mañana los camiones cargados de toros de lidia siguen llegando para presentar su carga. Por fin logran seleccionar seis animales y ponerlos en sus chiqueros separados, pero luego llega la devastadora noticia de que los tres matadores anunciados no torearán (el rumor es que no estaban contentos con los cambios del ganado). Para evitar un fiasco financiero, el empresario encuentra a tres muchachos locales sin experiencia para tomar su lugar. Ya pasó las tres de la tarde.

Quince minutos antes del comienzo, llego en la plaza y veo una gran multitud reunirse en las taquillas pidiendo que les devuelvan su dinero. Decido entrar y esperar a que lleguen las cosas.Los clarines anuncian el paseillo. Un grupo destartalado de trece toreros atravesa el redondel. Cuando llega debajo del palco del presidente, los toreros se detienen, se quitan la montera y respetuosamente inclinan la cabeza. Una voz en la multitud grita: «¿Y ahora qué?»
La respuesta hace eco: «Ha muerto el viejo Miura».

Los primeros tres toros no impresionan. El cuarto se llama Ramillete. Curro Valencia sale a colocar las primeras banderillas pero falla y los palos rozan los flancos de la bestia. Curro tropieza y cae. El toro baja la cabeza. Un cuerno encuentra a su presa y dos veces se estrella contra el pecho del banderillero. Hombres entran a la arena corriendo para desviar al toro con sus capotes pero él no lo soltará. Empuja su cuerno en el muslo del la victima, lanzándole al aire antes de devolverle al suelo. Finalmente, se distraen la bestia enfurecido de su presa y los subalternos recogen al torero herido de muerte y se lo llevan, pero nadie puede salvarlo. Curro Valencia muere antes de llegar a la enfermería.

27 de julio de 1996, un dia que nunca debería haber sucedido.

 Crónica de Pieter Hildering

Fotografias de Mateo  y Archivos