CUATRO SILENCIOS, CUATRO Viernes, 27 de septiembre de 2019. Plaza de toros de Algemesí. Lleno en tarde calurosa. Novillos de Daniel Ramos, bien presentados y con mucho volumen y cuajo, y de poco juego.

Diego San Román (malva y oro), silencio y silencio. José Fernando Molina (carmesí y oro), silencio tras aviso y silencio tras aviso.Actuó sobresaliente Sergio Salas El Pijorro (azul y plata), quien hizo un lucido quite al cuarto. Entre las cuadrillas lució la templada brega de Javier Perea.

Cuatro novillos, cuatro silencios. Algo impensable en Algemesí. Pues bien. Este fue el balance de la séptima de feria.Tras la explosión de entusiasmo que desató El  Niño de las Monjas la tarde del jueves, la semana taurina de Algemesí enfiló su recta final con calor en lo climatológico y en lo ambiental.

Si por ahí por Navarra. en la localidad de Tudela, se canta esa famosa jota que reza: “no hay quien pueda, no hay quien pueda, con la gente de la Ribera…”, de esta Ribera valenciana se puede predicar lo mismo. Porque no hay quien pueda llevarse por delante la fiesta de los toros en Algemesí. Y eso es una extraordinaria noticia en los tiempos que corren.
El cartel de ayer ofrecía a priori unos interesantes ingredientes, ya que tomaban parte dos de los novilleros que más expectativas han levantado en el actual escalafón. De un lado, el mexicano Diego Sanromán, torero de dinastía que impacta en las plazas por su toreo pasional, aguerrido y no exento de calidad y buenas formas. Y por otro Fernando José Molina, un espada surgido de la escuela taurina de Albacete de quien cuentan y no paran. Pues bien. A pesar de estas esperanzadoras previsiones, syer hubo poco que contar.
Para calibrar las posibilidades de los dos espadas, se eligió una novillada con el hierro del ganadero castellonense Daniel Ramos. Este ya triunfó el año pasado la tarde de los debuts de Borja Collado y Miguelito.
El castaño que abría plaza, cubeto de pitones, tuvo cuajo y lustre. Se salió suelto de su primer encuentro con las plazas montadas y empujó con un pitón en el segundo. Llegó al tercio final muy noble, aunque apagado y costándole mucho. Sangró una enormidad y eso le debió afectar en su comportamiento.
El también castaño segundo, que también tuvo romana y fue cómodo de pitones, se dejó en el caballo y luego llegó el tercio final con buena condición aunque le costó mucho desplazarse por sus escasez de fuerzas.
El tercero tuvo muchísimo volume, y como sus hermanos, le pesaron los kilos y se paró. Queriendo pero sin poder, se defendió más de la cuenta y no tuvo recorrido.
Y el cuarto, también bien presentado, se dejó pegar en varas y tuvo un excelente pitón izquierdo, por el que se desplazó con son. Con todo, pecó de falta de gas al igual que todos sus hermanos. Duró muy poco y se aplomó pronto.
A Diego San Román pareció faltarle enemigo toda la tarde Pisó la plaza con autoridad y suficiencia. Y firmó un trabajo de solvencia y poder, aunque no tomo el vuelo ante la escasa  entidad de su oponente.
Y también anduvo suelto, compuesto y profesional ante el tercero, en una labor que no pudo tomar vuelo ante la escasísima entidad de su oponente.
El manchego Fernando José Molina también anduvo por la línea de la compostura. Con todo, no terminó de apretar y su trabajo quedó en  buenas intenciones pero sin comunicar con la gente. Larguísimo metraje y muy poco mensaje fue su balance.
 Crónica de Enrique Amat
Fotografia de Mateo,tauroimagenplus