Colombo abre la puerta grande de Algemesi

Lunes, 25 de septiembre de 2017. Plaza de toros de Algemesí. Tercera de feria. Lleno en tarde muy calurosa. Novillos de Juan Pedro Domecq, bien presentados, nobles y escasos de fondo. Jesús Enrique Colombo (purísima y oro), dos orejas y vuelta al ruedo. Jorge Isiegas (blanco y plata), dos vueltas al ruedo y  vuelta. Actuó como sobresaliente Víctor Manuel Rodado  (barquillo y azabache). Entre las cuadrillas sobresalieron en la brega Marcos Galán y Raúl Ruiz. Presidió Carlos Esquer

Sigue el verano presente en la feria taurina de Algemesí. Pasado el fin de semana inicial, no decae el ambiente, ni en la plaza ni en las calles de esta localidad ribereña. Tras el encierro de la mañana, los almuerzos. Luego, el aperitivo en el Casino con amigos de la gente de orden. Y luego, la reunión y la concentración de todas las peñas en el parque Salvador Castell de la ciudad, donde las citadas peñas cadafaleras montan sus cuarteles generales.

Para no perder la tradición, uno compartió mesa y mantel con los componentes de la peña Kasidebaes. Buenos aficionados, mejores anfitriones y partidarios acérrimos de El Fary y el Puma. Gente abierta y plural, en el amplio sentido de la palabra, quienes además cuentan como cocinero con Fernando, un auténtico maestro en los figones.

Por la tarde, a la plaza, donde se anunciaba una encierro de los considerados de lujo como el de Juan Pedro Domecq. Y en cartel, Jesús Enrique Colombo, uno de los líderes del escalafón novilleril, quien en la próxima feria del Pilar de Zaragoza hará el salto al escalafón superior apadrinado por Enrique Ponce..

Los astados de Juan Pedro Domecq exhibieron una buena una presentación. Luego, su juego estuvo presidido por la falta de raza y de fondo. Mucho cuajo y poca cara tenía el primero, que resultó noble y bonancible hasta decir basta. El segundo, mejor armado, también fue noble, colaborador, dócil y pastueño. El castaño tercero, asimismo escasamente armado, fue obediente y fácil para su matador. Metió la cara repitiendo de forma  incansable las embestidas, con fijeza y humillando una enormidad. Tuvo el defecto de rajarse y de una acusada querencia  de los adentros. Y el castaño cuarto resultó claudicante y rodó por la arena en varias ocasiones,  muy escaso de poder. Luego se desplazó por los dos pitones con buen aire, aunque ayuno de emoción.

El venezolano Jesús Enrique Colombo se mostró como un torero preparado para mayores empresas. Fácil con el capote, espectacular en banderillas y sobrado de recursos y oficio en la muleta, firmó un trabajo al que abrió plaza en el que estuvo por encima de las condiciones de su dócil oponente. Al tercero lo lanceó con suficiencia y le puso hasta cuatro pares de banderillas.  Luego lo muleteó sobrado y suficiente, en una labor ligada y solvente aunque de firma poco expresiva y escasa de personalidad.

Por su parte, convaleciente todavía de la cornada sufrida el pasado viernes en Azuqueca de Henares, hizo el paseíllo el coletudo aragonés Jorge Isiegas, quien a su vez sustituía al convaleciente francés Adrián Salenç. Anduvo entonado en su primero, firmando una labor de buen concepto, entregada y vistosa,  que no tuvo del remate con los aceros. Aun así, el público pidió una oreja que el presidente no concedió. Y muleteó con voluntad y afanes al cuarto, en un trabajo que no cogió vuelo. El torero se fue enfadado porque decía que el novillo no veía. Pero se dejó hacer de  todo

Cronica de .Enrique Amat

Fotografia de . Mateo Tauroimagenplus