EL CICLÓN ROCA REY ARRASÓ VALENCIA

Viernes, 16 de marzo de 2018. Plaza de toros de Valencia. Lleno de “no hay billetes” en tarde soleada y de agradable temperatura. Toros de Núñez del Cuvillo, desiguales de presentación y juego. Destacó por su calidad el tercero. Sebastián Castella (celeste y oro), silencio y saludos tras petición. José María Manzanares (grana y oro), oreja y saludos tras aviso. Roca Rey (verde esmeralda y oro), dos orejas tras aviso y silencio. Entre las cuadrillas lidió con templanza José Borrero al que abrió plaza, que fue bien banderilleado por-Jean Viotti. Presidió jesús Merenciano. Pesos de los toros por orden de lidia: 537, 535,  531 (tercero bis), 541, 534, 532 y 542 kilos.  Después del pasillo se guardó un dos minuto de silencio en memoria de los toreros valencianos Paco Peris y Paco Marín
La primera corrida grande del abono fallero se saldo con el incontestable triunfo conseguido por Roca Rey ante el extraordinario tercero. Fue como si una ciclogénesis explosiva hubiera llegado desde Perú llevándose todo por delante.
El éxito en las taquillas estaba asegurado desde el pasado lunes. Y en ella se colocó el siempre ansiado cartel de no hay billetes. Un festejo de máxima expectación, con un cartel internacional, que provocó las habituales aglomeraciones en la plaza, las dificultades para que todo el mundo acabase de acomodarse en la localidad que le correspondía, el barullo y el lío. Lo propio de un día tan grande como el de ayer.
Los toros de la ganadería de Núñez del Cuvillo, ofrecieron una presentación muy variada en cuanto sus pelajes, aunque les faltó en general remate.
Terciado y muy escaso de fuerzas fue el que abrió plaza, al que apenas se le pegaron dos refilonazos en el caballo y que llegó el tercio final escaso de pujanza y poder.
El jabonero claro que hizo segundo, un toro espectacular por su capa, perdió las manos en el capote, aunque luego se dejó castigar en el caballo, si bien se salió suelto del segundo puyazo. Sangró hasta la pezuña, y fue un buen toro que tuvo fijeza y humilló mucho, aunque le faltó un punto de brío.
El castaño tercero fue muy protestado por su invalidez. Fue devuelto a los corrales, y tras el debut de la nueva parada de mansos en el ruedo, se corrió turno para que se lidiase el enchiquerado como sexto. Un ejemplar negro lucero, bragado meano, girón y  calcetero, que tomó dos varas  sin emplearse, pero luego ante la muleta se desplazó con movilidad, repetidor y siempre queriendo. Enclasado y sin dejar de humillar,  su comportamiento mereció una alta calificación.
Al también castaño cuarto apenas le dieron dos refilonazos en el caballo. Casi ni para un análisis. Tuvo tanta nobleza como escasez de fuerzas, y tendió perder las manos. Resultó tan manejable como irrelevante, apagado y desrazado.
El quinto se movió por el ruedo yendo y viniendo aunque le faltó entrega. Tendió a echar la cara arriba en todos los muletazos y no dejó de puntear los engaños y, por momentos, claudicó.  Y el sexto fue un inválido que tuvo muy pocas fuerzas. Fue muy protestado durante la lIdia y se derrumbó varias veces por la arena. Comatoso y tal, provocó la ira del respetable.
El francés Sebastián Castella venía de matar la corrida de Victorino Martín en Castellón, donde vio como uno de sus antagonistas fue devuelto a los corrales después de escuchar los tres avisos.
Ayer volvió a poner de manifiesto los ingredientes de lo que constituye su tauromaquia. Pero el argumento de sus trasteros, después de tantos años, acaba por antojarse algo repetitivo.  “Dejà vu”,  que se dice en su lengua vernácula.
Abrió su faena primero con unos estatuarios entre los dos rayas. Y luego muleteó compuesto pero ayuno de emoción en un trasteo poco relevante ante la escasa entidad de su oponente. Mató de pinchazo y estocada y no pasó nada.
Y entendió a la perfección al cuarto, al que toreó con templanza en las distancias cortas, dejándole siempre la muleta puesta en los hocicos y obligándole. Lo despeñó de una estocada trasera.
José María Manzanares puso de manifiesto su habitual sentido de la puesta en escena. La “mise en scéne” que dicen los franceses.El boato y la liturgia.
A su primero le firmó  una labor templada y estética, de buen corte y siempre pulseada y con dominio ese su dominio de lo escénico. Remató su rutilante trabajo de un sensacional volapié de efectos fulminantes.
Y no dejó de intentarlo ante el quinto, que se desplazó si bien tuvo un molesto calamocheo y no paró de puntear los engaños. Pero muy bien colocado y fuera de la rayas, le firmó algunos muletazos de excelente corte.
Una de las máximas figuras del momento, el peruano Andrés Roca Rey, era el principal reclamo del cartel. Y el anuncio de su presencia en Valencia no falló, ya que fue uno de los responsables de que se acabase el papel en las taquillas. Roca Rey quien un día se presentó como novillero sin picadores en una matinal en la plaza de toros de Valencia, se ha consolidado como una de los grandes atractivos del escalafón.
Como carta de presentación, firmó un excelso quite en el tercero. Puso al público en pie en la apertura de faena, de rodillas en el tercio, donde fue capaz de dar dos pases cambiados por la espalda, y luego torear al natural todavía de hinojos. Un pase cambiado fue extraordinario,  así como el pase de pecho que abrocho la serie. Asentado, firme, pleno de autoridad, arrollador, corrió la mano con profundidad a los sones del pasodoble Paco Calabuig. Un circular fue tan interminable como tremendo, y siguieron pases del desprecio, manoletinas, bernardinas. Un derroche de improvisación, con el torero entregado y roto. Todo un espectáculo.
Pero la fiesta no pudo tener un buen epílogo, ya qué la fiesta no pudo tener mejor epílogo, ya que el inválido y moribundo sexto, que pedía el viático a voces, no le dio opciones. El peruano se empeñó en intentar hacerle faena en medio del griterío de la gente, que se enervo ante la relevancia de aquel toro.
 Cronica de Enrique Amat
Fotografias de Mateo. Tauroimagenplus