EL CICLÓN DE LOS ANDES

Viernes, 15 de marzo de 2019. Plaza de toros de Valencia. Lleno de no hay billetes en tarde de sol y agradable temperatura. Toros de Victoriano del Río y Toros  de Cortes (3 y 6) de desigual presencia y juego. Julián López el Juli (berenjena y oro), silencio y silencio. Roca Rey  (nazareno y azabache) oreja tras dos avisos y dos orejas tras aviso. Jesús Chover (blanco y oro), vuelta al ruedo tras petición y aplausos. Entre las cuadrillas se lució Álvaro Montes al banderillear al segundo. Presidió Jesús Merenciano. Pesos de los toros por orden de lidia: 537, 539, 536, 532, 538 y 538 kilos.

Lució el sol, y a la hora de comenzar el festejo la plaza registró un lleno hasta la bandera. Y hasta el tendido de los sastres de los edificios colindantes al coso se vieron repletos de aficionados. Y, en taquillas, se colocó el siempre ansiado cartel de “no hay billetes”.

Uno de los alicientes del festejo era la alternativa del torero valenciano Jesús Chover. Un torero valenciano ya veterano y curtido en mil batallas, a quien tras muchos esfuerzos, muchos desvelos, muchos sinsabores y mucha travesía en el desierto, le llegó el momento. Y con un cartel más que importante, en una fecha seguramente soñada, en una corrida de gran expectación y con dos grandes figuras del toreo. No se podía pedir más. Era la recompensa a tanto sacrificio. Lo que luego pudiera pasar era ya otra historia. Pero el resto ya estaba hecho. Ayer empezaba una nueva etapa en su carrera profesional.

Con el toro llamado Tallista, marcado con el número 32, de pelo negro mulato, nacido en Octubre del 2014 y con 537 kilos en la báscula, El Juli confirió la borla de matador de toros a Chover.

Fue un astado de escaso poder, al que Chover fue a saludarle a porta gayola con una larga, y al que el picador Jaime Soro apenas le tuvo que castigar en el caballo, a donde lo había llevado galleando su matador. Protestó, y se quiso quitar el palo en la segunda entrada. Quitó de nuevo Chover y fue lidiado por Raúl Blázquez. Su matador le colocó tres pares de banderillas. El primero de poder a poder, el segundo haciendo la suerte del remolino que puso en boga de su apoderado Vicente Ruiz El Soro y el tercero al quiebro, muy pegado a tablas en los terrenos del cinco.

Y a las 5:17 minutos de la tarde, Julián López el Juli le cedió los trastos, en presencia de Roca Rey. El toricantano brindó la muerte del astado a sus padres y comenzó el trasteo en los terrenos del siete, andándole por delante y saliéndose fuera del tercio con un precioso pase del desprecio. Luego, en el platillo, lució con la mano derecha y lo muleteó con templanza y buen son. El toro, aunque no estaba sobrado de fuerzas, embestía con nobleza y muy pastueño. También en la boca de riego lo toreó con la mano izquierda despacioso, paciente y suficiente. El toro se fue apagando, aunque a pesar de todo el torero siguió con la mano derecha presentando los engaños con compostura y buenas formas. Una faena limpia y templada, interpretada en un palmo de terreno y que coronó de una estocada algo trasera y desprendida.

El toro fue apuntillado por El Sirio. El público pidió  una oreja, que no fue concedida. Chover dio la vuelta al ruedo acompañado de su cuadrilla, que ayer formaban los citados Raúl Blázquez y el Sirio junto a Raúl Martí.

El encierro elegido por las figuras fue el de Victoriano del Río, que con los dos hierros de la casa, estuvo desigualmente presentado. Tras el toro de la ceremonia ya reseñado, se dejó pegar en el caballo el castaño segundo, una astado que tenía todavía menos fuerzas que el anterior. De la segunda entrada, en la que apenas le marcaron un refilonazo, se salió suelto. Y a la muleta llegó tan noble como inofensivo, con las fuerzas justas, casi moribundo.

El tercero, cortito y bien hechurado, también fue poco castigado en el caballo. Luego tuvo tanta nobleza y obediencia como escasez de fuerza. Sirvió pero sin emoción ninguna. Protestó de entrada en el caballo el cuarto, aunque luego le hicieron la carioca y le pudieron pegar a placer. En la muleta se empleó, aunque si se le bajaba la mano claudicaba, y si se le ponía a media altura, soltaba la cara, se quería quitar el engaño y por momentos se iba al pecho de su matador.

El burraco quinto tampoco anduvo muy sobrado de fuerzas. Le midieron el castigo en el caballo y su matador le dió los tiempos y los espacios necesarios para ir recuperándose y refrescándose, Y acabó por conseguir que rompiera hacia delante y diese un gran juego. Y una seria expresión y presencia tuvo el cierraplaza, al que le castigaron con saña en el caballo. Se salió suelto hacia la puerta de chiqueros. Muy encampanado,  sin descolgar y con la gaita levantada por las nubes, mansote y muy aplomado, no se empleó y se defendió más de la cuenta. Menos mal que al final se acobardó. Un regalo

El peruano Roca Rey el año pasado volvió a cumplimentar una campaña excepcional, no solo en ruedos españoles, sino también todos los de Hispanoamérica. Y el comienzo de su campaña española también ha sido arrollador.

Anduvo muy por encima de su inválido e irrelevante primero, frente al que pisó terrenos de cercanías, le obligó, le pasó la mano, y le arrancó muletazos por abajo. Enardeció los tendidos por su toreo de quietud y en el que puso la emoción que el toro no tenía. Mató de un pinchazo y una estocada. Y con el quinto firmó una faena de altos vuelos. Templado, pausado y paciente, volvió a pisar terrenos de compromiso y a base de exponer y consentir, logré volver a meter el toro en el canasto llevándole muy casi todos los vuelos de la muleta. Faena en la que ayudó mucho a romper al toro, al que le dió los tiempos y espacios necesarios en todo momento. Faena trascendente, intensa, rotunda, de torero en sazón he tocado por la varita mágica. Mató de una estocada caída.

Ejerció de padrino de la ceremonia Julián López el Juli. No tuvo opciones ante su inválido e irrelevante primero, al que intentó muletear ante el enfado del respetable. Y anduvo incómodo y muy a disgusto ante el incierto quinto, en una labor en la que lo intentó pero en la que no acabó de convencerse.

El epílogo del festejo lo puso el toricantano, quien de nuevo se volvió a ir a la puerta de chiqueros para recibir a su antagonista. Banderilleó en esta ocasión con muy desigual fortuna. Brindó al público y anduvo tesonero y afanoso pero sin opciones. Se justificó.
 Cronica de Enrique Amat
Fotografias de Mateo.Tauroimagenplus