Me acuerdo que cada temporada taurina, la Unión de Criadores de Toros de Lidia (UCTL), la organización ganadera española más influyente con socios en España, Francia y Portugal, editaba un anuario uniendo toda la información importante sobre los toros y su origen. Estos pequeños libros se metían fácilmente en el bolsillo y te decían todo lo que querías saber de sus miembros como la historia del toro bravo, las divisas o de los hierros. Compré mi primer ejemplar en 1987. 

En 1989, un pequeño artículo en un periodico nacional español, me llamó la atención. Se refirió a uno de los miembros de la UCTL. Debajo del titular: ‘Una ganadería para los pobres’ lo decía: “Francisco Martínez Benavides propietario, hasta su reciente muerte, de la ganadería que lleva su nombre – dejó en su testamento todas sus posesiones para “atender las necesidades de los pobres de Posadas” (Córdoba). El ganadero, que murió soltero a la edad de 82 años, señalaba en ese testamento que tanto sus fincas, Cruz del Madroño y El Parralejo, como la propia ganadería y el dinero que poseía, debían ir a los más necesitados del pueblo”. 

Tanto me fascinó el artículo de esa caridad taurina que lo recorté y lo guarde en mi anuario del 1989. (Curiosamente, aunque hablaba de que don Francisco murió soltero, otras fuentes mencionaban que dejó la ganadería a nombre de su viuda.) Nueve años después de la muerte del ganadero se vendió la ganadería y en los años que siguieron, había sucesivos propietarios (entre ellos Juan Serrano Pineda ‘Finito de Córdoba’). Todo trataron de mantener viva la ganadería, pero desgraciadamente no acertaron a hacerlo. A pesar de aumentar la camada y refrescarla con sangre de la ganadería de Pedro Gutiérrez Moya, el prestigio de los toros que una vez se habían ganado el respeto de los aficionados de muchas plazas importantes, se había perdido. Córdoba recordaba a Antonio José Galán y el toro benavideño Madrileño, mientras que en 1985 José Ortega Cano se consagró con su faena con Cabecero. Madrid se quedó con el recuerdo de Rafael de Paula y Corchero que, como se decían entonces, ‘convirtió la plaza en un manicomio’ o de Balandrino lidiado por el mismo matador en Granada en ‘una faena plástica e histórica que no tuvo rúbrica con la espada’. 

Después de años de miseria hubo un resurgimiento inesperado en febrero de 2009 cuando en el Certamen ‘Escuela de Arganda’, los novillos de Benavides dieron un excepcional juego, siendo premiado con la vuelta al ruedo el corrido en cuarto lugar e indultado el quinto. Pero el último toro de Toros de Benavides, los antiguos Martínez Benavides, murió en la frialdad de un matadero cordobés en el 2011. El famoso hierro del corazón perforado jamás volvería a verse en una plaza de toros.

Crónica y Fotografia de Pieter Hildering