BRAVURA, EMOCIÓN Y TORERÍA

Sábado, 28 de julio de 2018. Plaza de toros de Valencia. Media entrada en tarde calurosa. Toros de Luis Algarra, de variada presentación y buen juego. Al quinto se le premió  con la vuelta al ruedo. Paco Ureña (coral oro), oreja, vuelta tras petición y dos orejas. Román (espuma de mar y plata), oreja, silencio y oreja. Actuó de sobresaliente Víctor Manuel Blázquez (morado y oro), aplaudido en sendos quites. Entre las cuadrillas saludaron tras banderillear al cuarto Raúl Martí y Hazem Al Masri “El Sirio”. Presidió Luis Maicas. Pesos de los toros por orden de lidia: 540, 514, 518, 564, 555 y 530 kilos.
Hay que ver lo que cambian las cosas en solo 24 horas. Tras la mala, por no decir pésima, corrida que lidió Celestino Cuadri el día anterior, que no sólo dio al traste con el festejo, sino que también acabó con uno de los toreros en la enfermería, el segundo festejo del abono fue la otra cara de la moneda. Una corrida que tenia como argumento un mano a mano entre dos toreros triunfadores en la plaza de toros de Valencia. Y ambos frente a un encierro también triunfador en este coso.
Los astados de Aurora Algarra lucieron una presentación variada en cuanto a sus pelajes. Y luego su juego resultó más que notable. Con matices, con diversidad en sus comportamientos, y justo es decirlo, algunos de ellos muy ayudados por sus matadores, que contribuyeron a que lucieran más. Como el caso del ejemplar lidiado en quinto lugar.
El amplio y veleto primero se salió suelto del caballo y correteó por el ruedo. Fue y vino bonancible aunque sin emplearse, saliendo siempre de los embroques con la cara alta y amagando con irse. El burraco segundo, escaso de fuerzas, tuvo en cambio las virtudes de la fijeza, la templanza, y el obedecer siempre los cites. Fue toro notable.
Muy vareado y escaso de remate el tercero, al que tampoco le sobraron las fuerzas. Poco picado, llegó al tercero final moviéndose con un cierto celó, aunque le faltaron finales y más poder.  Sangró mucho el imponente cuarto, fuertemente castigado en el caballo. Tuvo tranco en banderillas, pero luego acusó el castigo en la muleta, y aunque siempre quiso, se quedó corto y soltando la cara.
Mucho cuajo y romana tenía el castaño quinto, Malospelos de nombre, un ejemplar serio y con mucha plaza. Se arrancó con alegría al caballo en varas, si bien luego no paró de echarse arena a los lomos en el tercio final. Muy agarrado al piso, embistió con cierta violencia y rebrincado. De manera sorprendente, se le premio con la vuelta al ruedo. Y el sexto se salió suelto de dos encuentros con el caballo, en los que apenas le pusieron dos refilonazos. Poco picado, llegó a la muleta tomando las telas con mucha transmisión, muy encastado aunque asimismo un pelín descompuesto.
Los aficionados valencianos todavía tienen muy presentes las imágenes de la actuación del murciano Paco Ureña en la pasada feria de julio, y aquellas épicas mágenes tras la voltereta que sufrió.
Torería y expresión tuvo su apertura de faena al que abrió plaza, al que le firmó un trabajo templado, acompasado y pausado, de gran limpieza, en el que en todo momento quiso hacer las cosas bien. También anduvo por la línea de la compostura, la ortodoxia y el hacer todo muy de verdad  ante el tercero, en un trabajo de buen concepto que no terminó de tomar vuelo y que remató de una estocada delantera y un poco caída.
Y lo mejor de la tarde lo firmó ante el quinto, un toro que tenía su guasa, ya que muleteó con la mano baja, sometimiento y sacando siempre la muleta por debajo de la pala del pitón. Muy encajado y asentado, sin darse coba  ni  importancia, roto y abandonado, realizó una faena maciza y expresiva a la vez, sentida y sincera. Ayudó mucho a lucir al toro, que dio la impresión de que el premio de la vuelta al ruedo resultó excesivo para lo que fue su comportamiento.
Por su parte, afrontaba un nuevo compromiso en Valencia Román, en una temporada en la cual está actuando con mucha frecuencia por ferias importantes.
El rubio coletudo liceísta de Benimaclet saludó de rodillas a su primero, al que firmó un trasteo de menos a más, en la que no hubo entendimiento por el pitón derecho, y en la que tras una voltereta, subió la nota al torear al natural. El emotivo epílogo y el estoconazo con el que despenó a su oponente llevaron a sus manos una oreja.
Brindó el cuarto al sobresaliente, Víctor Manuel Blázquez, y luego le interpretó una faena siempre la línea de la decisión y la disposición, pero a la que le faltó línea argumental y buena rúbrica. Despenó a su oponente de una estocada caída entrando a matar en la boca de riego.
Muy espoleado, se fue a la puerta de chiqueros a saludar a portagayola al cierraplaza, al que le dio luego dos ajustados faroles de rodillas en el tercio. Luego plantó cara con sinceridad y disposición, en un trabajo emotivo y enfibrado. En el mismo hubo más agallas que sosiego, más nervio que toreo fundamental,  pero en que sobresalió por su entrega sincera y desbordante disposición y un enorme corazón de león para conseguir descerrajar los goznes de la puerta grande como fuera, a sangre y fuego. Como así fue.
El sobresaliente Víctor Manuel Blázquez fue aplaudido tras sendos  quites por delantales y chicuelinas.
Cronica de Enrique Amat
 Fotografias de Mateo.Tauroimagenplus