Borja Collado sale a hombros en Casasimarro,

Viernes. 24 de agosto de 2018. Plaza de toros de Casasimarro. Tres cuartos de entrada en tarde agradable. Novillos de Vergara Azcárate, bien presentados y de buen juego. Borja Collado (blanco y oro), dos orejas y oreja. Aarón Infantes ( azul y plata), oreja y dos orejas. Actuó como sobresaliente Carlos Cid (verde y azabache). Presidió el alcalde de la localidad, Juan Sahuquillo.
En plena vorágine de la temporada, lo cierto es que no deja de resultar estimulante el peregrinar por las plazas periféricas para presenciar festejos de promoción.. La asistencia a este tipo de novilladas, con la presencia de toreros incipientes y en plazas de reducido tamaño, no deja de ofrecer el sabor del toreo auténtico.
En esta ocasión tocaba el turno al coso conquense de Casasimarro. Un recinto de gran solera, que ya está cercano a su siglo de existencia. Y por el que, en los momentos incipientes de sus carreras, pasaron coletudos importantes, como son los casos de Alejandro Talavante o, más recientemente, Román Collado. Una localidad que cuenta también con una más que entusiasta y emprendedora peña taurina.
Se trataba de una novillada sin picadores programada con motivo de las fiestas de San Bartomomé. Para ella se eligió un encierro de una ganadería extremeña como la de Vergara Azcárate. Compusieron un lote de astados muy bien presentados para este tipo de festejos, y cuyo juego resultó más que notable.
El castaño primero tuvo mucha plaza y cuajo. Embistió con cierto son, aunque sin acabar de emplearse, aunque en conjunto resultó manejable.  El negro y playero segundo también tuvo sobrada presencia. Luego fue y vino con nobleza y bondad, aunque con cierta tendencia a meterse por los adentros. En conjunto, resultó muy manejable para su matador. El colorado y ojo de perdiz tercero, playero y algo bizco, también tomó las telas con celo y permitió el lucimiento a su matador. Y el castaño y bociblanco cuarto, de preciosas hechuras, embistió con clase y nobleza por los dos pitones, y además tuvo la virtud de la fijeza.
El alumno de la escuela de tauromaquia de Valencia Borja Collado encabezaba el dúo de actuantes. Se trata de uno de los aspirantes más aventajados de esta escuela, y cuyo debut con picadores está anunciado para la próxima feria de novilladas de Algemesí. Y asimismo está acartelado en el festival que tendrá lugar el 9 de octubre en Valencia, en el que alternará con figuras del toreo como Enrique Ponce, Manzanares o Roca Rey.
El rubio espada valenciano se mostró como un torero enterado y con oficio, con sobrado conocimiento de la profesión y que ya está más que preparado para su salto al escalafón superior. Fue capaz de sobreponerse a una fuerte voltereta que sufrió cuando daba una larga de rodillas en el tercio a su primero, al que tuvo la virtud de muletearle con compostura, oficio, conocimiento de los terrenos y templanza, en un trabajo de torero con proyección y muy hecho.Y ante el tercero firmó un trasteo presidido por la ligazón, el empaque y sobre todo el relajo. Anduvo un son de novillero compuesto y muy preparado.
Por su parte, el espada de Alcázar de San Juan Aarón Infantes banderilleó con más voluntad que acierto a su primero, al que firmó una labor algo despegada y falta de confianza, si bien tuvo la virtud de la ligazón. Y también banderilleó con más voluntad que acierto a su segundo, al que realizó una faena de muy largo metraje y escaso mensaje. Afanoso y tesonero eso sí, pero escasamente rutilante. Con todo, lo remató de manera contundente con las armas toricidas.
Destacar el pésimo espectáculo que ofrecieron en general las cuadrillas.  Y la inhibición del sobresaliente quien, a parte del paseíllo, no asomó la gaita fuera del burladero en toda la tarde. ¡Qué poca afición!
Cronica  de Enrique Amat
Fotografias de Mercedes Rodriguez