Si alguna vez comienzas una colección de recuerdos taurinos, ¿por qué no hacerlo con etiquetas taurinas de bebidas alcohólicas? Es como una colección de sellos: no ocupa mucho espacio y es agradable a la vista.

Descubrí que a mediados del siglo pasado, era costumbre para algunos matadores prestar su imagen para promocionar ciertas bebidas alcohólicas. Según las diferentes etiquetas que he encontrado, a algunos les gustaban beber jerez, pero la mayoría de ellos tenía un contrato con una destilería cordobesa para promocionar anís. Existe el muy popular Anís Machaquito, y Anís Agustín Parra Parrita. El pobre Calerito (murió de un ataque cardiaco cuando solo tenía 33 años) tiene su propia etiqueta, igual como la tiene Ricardo Bombita. Sevilla tiene Anís Antonio Márquez. Antonio Moreno Lagartijillo era el amante de jerez mientras el torero valenciano Vicente Barrera (mayor) permanecía fiel a sus destilerías regionales de anís. 

Otro matador valenciano con su propia marca de anis (Destilerías Mediterráneo SL, Foyos) es Jaime Marco El Choni. Nació en Sagunto el 20 de enero de 1920, debutó en 1940 en Barcelona como parte seria del espectáculo cómico y musical Empastre y un año después hizo su debut con caballos en el mismo coso. En el 15 de Octubre 1944 en la plaza de Valencia, recibió la alternativa de manos de Manuel Rodríguez, el inmortal Manolete, siendo la última alternativa otorgada por el cuarto Califa de Córdoba que murió en Linares tres años después. (Jaime Marcos El Choni estuvo con nosotros hasta el 2010.) 

Los a veces rivales Luis Miguel Dominguín y Carlos Arruza también tienen sus propias etiquetas, con Arruza haciendo una llamada telefónica en la suya.

La tradición de toreros y sus botellas continúa en los años sesenta con la aparición de Manuel Benítez El Cordobés, pero luego tiende a desaparecer. Por lo que sé, nunca ofrecieron a Curro Romero su propio Rioja ni a Paula su Jerez. No creo que haya un Anís Capea o un Amontillado Espartaco y todavía tengo que encontrar un Chablis Castella. En la década de los 1990, el etiquetado de bebidas alcohólicas con retratos taurinos experimentó un ligero aumento. Me acuerdo de los bares en las plazas de toros vendiendo botellas de vino tinto y manzanilla con las caras sonrientes, como de costumbre, de entre otros – Finito de Córdoba y Enrique Ponce. Poco después de su lamentada muerte, los amigos de Manolo Montoliú presentaron una botella de vino en su honor con una etiqueta con su retrato. 

Lo bueno de coleccionar etiquetas taurinas es que no sólo es un pasatiempo estético, tiene un doble placer. Tienes la oportunidad de saborear lo que hay dentro de la botella. ¡Salud matador!

Crónica de Pieter Hildering