Ana Rita Conquista Algemesi

Sábado 30 de septiembre de 2017. Plaza de toros de Algemesí. Octava de feria. Lleno en tarde nublada. Un novillo de Los Bayones para rejones y cuatro de Alcurrucén, bien presentados y de buen juego. La rejoneadora Ana Rita, dos orejas y rabo. Antonio Catalán Toñete (azul pavo y oro), silencio tras aviso y pitos tras tres avisos. Angel Téllez (azul noche y oro), silencio tras aviso y oreja. Actuó como sobresaliente Víctor Manuel Rodado (negro con bordados en rosa). Presidió Emili Gregori

El octavo festejo de la feria taurina de Algemesí se celebró con el habitual gran ambiente en los tendidos en el palenque y en la calle. Y con mucha gente llegada de fuera para presenciar esta fiesta más que singular. Entre ellos, Manolo Contero y Pilar López, quienes debutaban en esta plaza y feria,  y quienes pasaron una excelente jornada taurina y festiva.
Los novillos de Alcurrucén, propiedad de los hermanos Lozano, lucieron una presentación más que correcta. Con el cuajo suficiente, dieron buen juego. Bajito, musculado, rabilarguísimo, con mucho cuello y delanterito de cuerna el que abrió plaza, que se dejó pegar en el caballo y luego tomó las telas con fijeza, humillando mucho y con su puntito de bravura. El segundo, también bajito, lustroso, gacho y abrochado  de cuerna, echó las manos por delante en el capote y derribó en varas. Luego, se hizo el amo del ruedo, ya que las cuadrillas dieron un lamentable espectáculo, mostrando su falta de capacidad y de profesionalidad. Aquello se convirtió en una capea, mientras los monosabios trataban, durante más de cinco minutos, de levantar al caballo. Nadie fue capaz de fijar al novillo en un  burladero. Y cuando se levantó el caballo, el animal hizo por él, llevándose por delante al equino y a un monosabio, a quien estuvo a punto de cornear de gravedad. Algo penoso. Luego, en la muleta, el animal fue pastueño, aunque le costó un mundo desplazarse, siempre agarrado al piso. El bizco cuarto tuvo más alzada y cuajo. Blandeó en el caballo, ante el que fue muy poco castigado. Escaso de poder, tuvo un muy corto recorrido y una nula emoción. Y el que cerró plaza fue el más vareado del encierro. Algo bizco, y con un pitón derecho que era un estilete. También justo de fuerzas y escasamente castigado en el caballo, embistió noblón y pastueño aunque con poco recorrido.
El de rejones fue un espectacular astado de pelo burraco y muy playero de cuerna. Tuvo recorrido y persiguió a las cabalgaduras, aunque con una acusada mansedumbre, Y llevando la cara por las nubes,  áspero y violento.
La rejoneadora portuguesa Ana Rita, vistosamente vestida la federica, fue la gran triunfadora de la tarde, y posiblemente de la feria. Tuvo el detalle de brindar la muerte de su oponente al monosabio que había sido cogido en el novillo anterior. Hizo gala de una excelente y elegante monta de sus caballos. Aunque al clavar anduvo algo desajustada en los embroques, lo cierto es que farpas y banderillas quedaron todas reunidas y arriba. Tuvo el mérito de dejar llegar mucho a su antagonista al cabalgar a dos pistas, exponiendo una enormidad. Dos pares el violín tuvieron mucho mérito. Comunicativa y espectacular, firmó una importante actuación y se metió en el bolsillo a los aficionados.
El novillero madrileño Antonio Catalán Toñete, hijo de un importante empresario hostelero, se mostró como un torero de valor, firmeza y asentamiento de plantas. Con todo, su trasteo, afanoso y tesonero, tuvo una firma de escasa expresión y finura. Y además, el epílogo  de la faena fue a base de rodillazos, tirones y desplantes de una notable rusticidad. Mató de media estocada y siete golpes con el verduguillo. Y se justificó ante el parado cuarto, en un trabajo porfión, en el que pisó terrenos de cercanías, y que remató de una estocada que necesitó el refrendo del descabello. Y al fallar con este, tuvo que volver a entrar a matar en dos ocasiones, y volver a intentar repetidas veces el descabello. Ni uno de sus banderilleros le echó un capote al hocico al novillo para ayudarle. Y al final, acabó escuchando los tres avisos. Lamentable.
Por su parte, Ángel Téllez muleteó mecánico y rutinario a su primero, en una labor tesonera y esforzada, aunque de poco relieve. Lo mejor fueron los pases de pecho. Terminó la faena con efectismos, intentando unas manoletinas que no le salieron. Mató de un pinchazo y una estocada rinconera y luego pasó las de Caín para descabellar.
El quinto se lo brindó al matador de toros valenciano Roman. Comenzó su labor con las dos rodillas en tierra de los medios, y de nuevo volvió a firmar un trabajo esforzado y tesonero, de largo metraje y escaso mensaje.Despenó a su oponente de una buena estocada y se llevó el premio de un apéndice auricular.
   Cronica de .Enrique Amat
Fotografias de Tauroimagenplus.  Mateo