EL ALUMNO DE LA ESCUELA DE TAUROMAQUIA DE VALENCIA BORJA COLLADO TRIUNFA EN TALAYUELAS (CUENCA)

Sábado, 16 de junio de 2018. Plaza de toros de Talayuelas. Media entrada en tarde lluviosa. Erales de Juan Vicente Mora, bien presentados y variados de pelaje y juego. Al tercero se le premió con la vuelta al ruedo. Sergio López, saludos. Saúl Mialdea, dos orejas. Ruiz de la Hermosa, dos orejas y rabo. Borja Collado, dos orejas. Presidió el alcalde José Cid.

El alumno de la Escuela de Tauromaquia de Valencia Borja Collado volvió a poner de manifiesto que es uno de los más esperanzadores espadas de la misma. Tras sus relevantes actuaciones en Valencia y otras muchas plazas, en el coso conquense de Talayuelas firmó una faena presidida por la decisión, la ligazón y la entrega. Manejó con gusto y cadencia el capote y anduvo en todo momento mostrando oficio y compostura.
Se enfrentó al exigente y en ocasiones hasta atosigante comportamiento del astado que le cupo en suerte para realizar una labor de mérito e intensidad, plena de detalles y reveladora de que se trata de un espada que progresa más que adecuadamente en su aprendizaje.
Lo cierto es que la fiesta de los toros no se reduce únicamente a los espectáculos de relumbrón y a los grandes eventos y corridas en las que se anuncian las figuras. En ella también tienen cabida los festejos de promoción como el de ayer, en los que se pueden calibrar las posibilidades de los nuevos valores y el estado de la cantera.
Y festejos asimismo celebrados en plazas ensoleradas como la conquense de Talayuelas, en el marco de un ambiente de fiesta popular más auténtico y pleno de sabor. En ellos, además. es difícil ver la presencia de toda esa pléyade de pseudo aficionados que sólo acuden a corridas de gran cartel, en busca de dejarse ver, de acercase a las figuras, de ronear, de pisar hoteles de lujo y carpas festivas montadas al efecto. Peor para ellos.
Al exitoso resultado de una novillada, que por lo demás estuvo perfectamente organizada en todos sus detalles, contribuyó el encierro del ganadero turolense Juan Vicente Mora, Un lote de astados  muy bien presentado para este tipo de festejo. Con plaza suficiente y variado en sus pelajes, su juego resultó más que notable. Muy noble y obediente el primero al que, algo acalambrado, le faltaron las fuerzas y quiso más que pudo. Más cuajo tuvo el segundo, un eral con transmisión, raza y movilidad por los dos pitones.  El burraco, salpicado y careto tercero dio un excelente juego. Tenderito de nombre y marcado con el número 44, exhibió tanto tranco como movilidad y transmisión y no dejó de embestir en ningún momento. Fue premiado con una merecida vuelta al ruedo.
Y el cuarto, negro mulato y muy cuajado y rematado, tuvo la virtud de repetir sus embestidas, resultó por momentos muy pegajoso, atosigante y exigente
Sergio López, de la escuela de Cuenca, se enfrentó a un astado noble y obediente aunque escaso de poder, al que firmó una faena de larguísimo metraje y escaso mensaje. Muy justo de valor y falto de sometimiento, manejó de manera muy deficiente las armas toricidas.
El también conquense Saúl Mialdea tampoco consiguió logros mayores. Le costó un mundo quedarse quieto y muleteó movido y desconfiado, en un trabajo escaso de relieve.
El alcarreño Ruiz de la Hermosa saludó con una larga a porta gayola a su oponente. Banderilleó con espectacularidad y acierto, y fue capaz de atemperar las embestidas del encartado y pronto novillo que le correspondió,  en un trabajo intenso, emotivo, entonado  y de buen corte, al que quizá sobraron los epílogos. Pero dejó la impronta de torero hecho.
Actuó como director de lidia el novillero Aitor Darío El Gallo, quien lidió con eficacia y oficio. Y el también alumno de la escuela de Valencia Miguel Senent Miguelito banderilleó con espectacularidad y acierto.
Cronica Enrique Amat
Fotografia de .Martinez Cantero