Esta es una historia que comenzó hace 32 años en la plaza de toros de Valencia, cuando casi un desconocido criador de toros de lidia españoles apareció inesperadamente en los carteles de su feria de julio de 1988. Siendo seis toros de Viti/Garzón, los cuales fueron rechazados por los veterinarios unas horas después de su llegada a la plaza de toros y ante el pánico que se produjera el rechazo de una corrida de seis toros, días antes de la fecha prevista de aparición. Y, posteriormente, las frenéticas llamadas telefónicas que tuvo que hacer la empresa para encontrar su sustitución. Pero, ¿por qué se eligió la ganadería de Ana Romero, con toros de linaje Santacoloma/Buendía ? Eso era un misterio. A muchos toreros no les gustan este tipo de toros porque se necesita una mentalidad especial para lidiarlos. A menudo son difíciles de torear y parecen tener una mente propia. Estos nuevos toros no fueron una excepción.
Nunca los había visto. Esta ganadería (ciertamente no figuraba entre los grandes nombres), solía lidiar tres o cuatro corridas por temporada y principalmente en plazas de segunda. Apenas figuraba en ferias de primera categoría como Valencia en julio.

Doña Ana Romero Reguera lo adquirió en 1958 y luego de eliminar el antiguo linaje, comenzó de nuevo con un lote de vacas Santacoloma y sementales de Buendía. Cabe destacar que la ganadería con el hierro del L dentro un oval solo se presentó en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid en 2017. 

La sustitución nos dejó con más preguntas candentes. Todavía faltaban unos días para la corrida. ¿Llegarían los toros a tiempo? ¿Estaban ya en las cercanías de Valencia o vinieron aquí directamente desde su dehesa en la provincia de Cádiz, un recorrido de 800 kilómetros? Y, ¿aceptarían los matadores, que habían firmado un contrato para los toros de Viti/Garzón, esta pequeña, pero mucho más desafiante ganadería? 

Un suspiro de alivio recorrió los tendidos cuando apareció en el ruedo el primer toro de Ana Romero y José Ortega Cano, un ya conocido maestro de las corridas de Santacoloma, abrió su capa.

En mi crónica de entonces mencioné un toro en concreto. Escribí: “Solo los conocía por fotografías y por las crónicas sobre ellos, pero los toros de Doña Ana Romero son ahora mis favoritos. Estos clásicos Santacolomas cárdenos y alertas, con sus pitones veletos que tanto se parecen a los famosos Victorinos. En esta histórica tarde 30 de julio, cinco de sus nobles animales llenaron de alegría la plaza. (Lamentablemente uno fue devuelto al corral.) Especialmente el último toro, Algodoncito, fue extraordinario. Este valiente y noble animal reaccionó a la lanza del picador como si se tratara de una simple picadura de mosquito y no permitió al joven matador Miguel Báez Litri – que lo toreó con valentía como hubiera hecho un veterano – un momento de relajación. Litri le cortó una oreja bien merecida y recorrió su vuelta de honor sosteniendo dos conejos vivos que le entregaron desde las gradas. Al final de la semana, Algodoncito fue elegido como mejor toro de la feria”.

32 años después, en un documental sobre los toros de Ana Romero, escuché al actual propietario Lucas Carrasco Romero hablar sobre este animal legendario. Me intrigó que después de tantos años todavía tuviera un papel tan importante en la historia de la ganadería. Decidí enviarle un correo electrónico a Lucas para decirle que estuve presente en la plaza hace todos estos años. También le dije lo impresionado que me había quedado ese toro y le comenté que su cabeza disecada ahora ocupaba un lugar destacado en Tinto y Oro, mi peña valenciana aunque la placa de bronce debajo lo llamaba Algodoncito.
Él respondió: “Gracias por tu mensaje y palabras tan bonitas de nuestra ganadería y de Algodonero. Es curioso que en la tablilla se llamara Algodoncito cuando en los libros de la ganadería su nombre es Algodonero. En otro mail te enviaré foto del libro de herradero del año 1984 donde aparece los detalles”.
Mi Algodoncito siempre había sido Algodonero. En cierto modo, me alegré de que el diminutivo -cito fuera reemplazado por más serio -ero. Le sentaba bien.
Algodonero, un toro negro-mulato-entrepelao, un campeón de 535 kilos.
Algodonero el Magnífico.

Crónica de :Pieter Hildering

Fotografia de : Phil Gorelick