ALEJANDRO CONTRERAS FUE EL UNICO QUE TOCÓ PELO

Lunes, 24 de septiembre de 2019. Plaza de toros de Algemesí. Tres cuartos de entrada en tarde calurosa. Erales de Los Chospes, justos de presencia y escaso juego. Alejandro Contreras (turquesa y oro), oreja. Alejandro Peñaranda (morado y oro) silencio tras aviso. Joan Marín (corinto y oro) silencio tras dos avisos. Nino Julien (blanco y plata), silencio. Entre las cuadrillas destacó Miguel Angel García en el manejo de la puntilla.
Los alumnos de las escuelas de tauromaquia tomaron el relevo y cobraron protagonismo en la semana taurina de Algemesí. Ayer se celebró la primera de las dos novilladas de promoción incluidas en el serial. Una iniciativa más que plausible, muy en el espíritu de lo que significa esta setmana de bous, y que permite contemplar las evoluciones de las nuevas generaciones de promesas del toreo.
Tras el primer fin de semana de fiesta, ayer la ciudad se encontraba más calmada, digiriendo algún la eclosión de lo que han sido los primeros días. Incluso los tendidos del singular palenque algemesinense se vieron más calmados, tanto en la asistencia de espectadores como en su ambiente.
Los erales de la ganadería manchega de Los Chospes propiedad de Fernando Moreno, elegidos para la ocasión, no pasaron de la discreción en cuanto su presentación. Y tampoco su juego fue como para echar cohetes.
El castaño y bociblanco primero se desplazó, tuvo fijeza y metió la cara en la muleta, con la virtud de repetir sus embestidas. No anduvo sobrado de clase, pero sirvió. Durante su lidia cogió contra las tablas al banderillero Andrés Alemany, en un espectacular percance que por fortuna no tuvo consecuencias.
El también castaño segundó salió con muchos pies de los toriles. Estuvo a punto de meterse en el burladero del cuatro, pero un oportuno coleo de Nino Julien lo impidió. Luego también tomó las telas repitiendo las embestidas con fijeza, aunque con el defecto de una cierta falta de fuerzas, lo que le hizo defenderse, soltar la cara y perder las manos en más de una ocasión.
Excesivamente chico, sin entidad y además sin ninguna fuerza el tercero, que se derrumbó en diversas ocasiones. Quiso pero no pudo. Y el cierraplaza tampoco anduvo muy sobrado de fuerza y poder. Embistió a arreones, escarbó  más de la cuenta, soltó la cara y tuvo poca entrega.
Alejandro Contreras, de la Escuela de Tauromaquia de Valencia, se mostró como un torero enterado y con oficio. Este coletudo, paisano de Enrique Ponce, saludó con tres largas de rodillas a su oponente, al que luego lanceó  por chicuelinas rematando con un airoso recorte. Luego su faena estuvo presidida por la soltura  y la facilidad, en un trabajo muy variado y vistoso, bien rematado de una estocada corta.
Alejandro Peñaranda, de la Escuela Taurina de Albacete, es un espada que tiene una extraordinaria concepción de la tauromaquia. Templanza, apostura, sentido de la ligazón y temple fueron los ingredientes de un trabajo bien concebido y planteado. Asentado y firme, se le vio puesto y solvente a pesar de que su trasteo no terminó de coger vuelo. Y falló con las armas toricidas.
Joan Marín, de la Escuela de Tauromaquia de Valencia, exhibió un más que interesante corte de torero. Este espigado espada puso de manifiesto personalidad, sentimiento, pulso en el manejo de las telas y una gran expresión. No pudo redondear su labor ante la escasa entidad de su oponente, y falló a espadas.
Y Nino Julien, de la escuela taurina de Nimes, es un torero de baja estatura y robustas hechuras. Lanceó bullidor y pareó con más voluntad que acierto. Y con la muleta anduvo tran voluntarioso como aturrullado, amontonado y embarullado.
Crónica de Enrique Amat
Fotografia de Mateo. Tauroimagenplus