Puerta grande para Ruben Pinar y cogida de Miguel Tendero en

Albacete, 8 de septiembre. Primera de Feria. Tres cuartos de entrada.

Toros de La Quinta, bien presentados y de juego desigual, destacando sobre todos el lidiado en primer lugar.

Andrés Palacios (de blanco y azabache), oreja y ovación tras aviso.
Rubén Pinar (de carmín y oro) oreja y dos orejas.
Miguel Tendero (de negro y plata) silencio y ovación.

Saludaron tras banderillear Rafael García y Javier Tornay.

Comenzó la feria de Albacete -una de las más importantes del calendario y, atendiendo a la ratio número de festejos/número de habitantes de la ciudad, la primera de las que en España se dan- y lo hizo con el recuerdo, imborrable, a Dámaso González, santo y seña de esta plaza que cumple cien años. Al romperse el paseíllo se anunció en su honor un minuto de silencio que se convirtió en una atronadora ovación para quien lo ha sido todo en Albacete y cuya estela siguen tantos y tantos toreros.

Y a Dámaso, el ya eterno León de Albacete, brindó la muerte de su segundo toro Rubén Pinar, otro de los diestros que siguen la escuela del desaparecido maestro y que ahorró mucho castigo en varas a este cuarto ejemplar de La Quinta, al que ya no dio tregua en el último tercio, bajando muchísimo la mano y llevándole metido siempre en el trapo.
Al natural le costó más y hasta se llevó algún susto, volviendo de nuevo a la mano diestra hasta completar otra faena mandona y valiente que acabó metido entre los pitones y que, tras sacar a escena el péndulo que hiciese famoso el desaparecido maestro albacetense, remató con una sensacional estocada hasta la bola que tiró sin puntilla a su oponente.
Ya había paseado una oreja de su primero, con el estuvo tan poderoso como seguro, muy por encima del astado, que salía siempre de las suertes echando la cara arriba y sin especial entrega, pero al que apuró de cabo a rabo.

Andrés Palacios, tras seis años de ausencia de esta feria, reapareció luciéndose al veroniquear al que abrió plaza, toro que embistió con rectitud y nobleza y con el que dejó ver su clase y maneras, luciendo en una faena muy bien estructurada y en la que dejó muletazos de muy bella factura y detalles de su innegable clase. Pero el trasteo quedó corto y pareció que el toro tenía más tela que cortar, aunque él, desde luego, no lo vio así. Tardó en doblar el de Conradi y eso enfrió a la gente, que se contentó con pedir para él sólo una oreja.
Y el mal uso de la espada le privó definitivamente de abrir la puerta grande, tras una faena siempre a más con el cuarto, aplaudido de  salida pero que no se acabó de emplear. A base de paciencia y valor le fue convenciendo y acabó sacando todo lo que tuvo en una labor que, de haber tenido acierto estoqueador, le hubiese valido la salida a hombros que tanto necesita.

También reaparecía Miguel Tendero, otro torero de la tierra, que, tras un desarme a las primeras de cambio, no acabó de acoplarse a su primero. El que cerró plaza, el más en tipo de la ganadería, le sorprendió apenas comenzada su faena de muleta y pese a estar visiblemente herido, Tendero se empeñó en continuar con su cometido pero, muy mermado de facultades, apenas pudo matarle antes de entrar a la enfermería.

Cronica . Avance Taurino

Fotografias de Mercdes Rodriguez

 

Parte Medico del Estado  de Miguel Tendero.

El torero albaceteño Miguel Tendero resultó corneado por el sexto toro de La Quinta cuando realizaba su faena de muleta. El astado, que le había avisado en varias ocasiones ya, muy orientado, le prendió por el muslo izquierdo, muy certero, para lanzar luego un nuevo derrote que volvió a encontrar carne. Por fortuna, en la posterior caída en la cara del toro, el animal no hizo por él y se zafó el torero albaceteño.

A pesar de las evidentes cornadas, el diestro se ciñó unos vaqueros y resistió sobre el ruedo. Incluso quiso pegarle una tanda más. Pero, enseguida, visiblemente mermado y, con la sangre brotando de su muslo, ante la insistencia de sus compañeros optó por coger el acero. Entre evidentes gestos de dolor, Tendero logró despacharlo con habilidad, aunque pasó unos interminables minutos hasta que consiguió que el animal se echara. Una vez acabó con el toro, el manchego pasó por su propio pie a la enfermería entre una cariñosa ovación de despedida desde el tendido.

Una vez allí, fue intervenido en la enfermería de la plaza de toros por el doctorGonzález Masegosa, con posterior traslado a la Clínica de Santa Cristina, de ‘dos heridas por asta de toro, una, en la cara anterior interna del tercio medio proximal del muslo izquierdo con orificio de entrada de 3 centímetros y tres trayectorias: una medial y proximal de 15 centímetros con rotura muscular del vasto interno, otra proximal y externa de otros 15 centímetros que diseca el recto anterior y produce rotura de fibras del vasto externo y otra adistal de 25 centímetros que rompe la parte inferior del vasto interno; una segunda cornada de unos 10 centímetros, en sentido transversal región supra-púbica y que afecta al tejido celular subcutáneo’.Pronóstico ‘grave’.