98 años  de la tragedia de Talavera de La Reina

Llora, Giraldilla mora,Matador de toros nacido en Gelves, Sevilla, España, el 8 de mayo de 1895, en la huerta de “El Algarrobo”, siendo hijo del torero Fernando Gómez, “Gallo” y hermano menor del también matador  de toros Rafael Gómez,“el Gallo”. Toma su alternativa el 28 de septiembre de 1912 en Sevilla. El toro “Bailador” de la ganadería de la viuda de Ortega (hijo del toro “Canastillo”),  de pelo negro, de escaso tamaño, presencia y trapío, quinto de la tarde, con 290 kilos de peso, el que  siega la vida del mítico “Joselito” en la plaza de toros de Talavera de La Reina (Toledo), la tarde del 16 de mayo de 1920. Refieren las crónicas de la época, que el fatídico bicho queda bronco y burriciego después de la suerte de varas, y se defiende tirando tarascadas. Trabajosos pases de tirón. El maestro, decide cambiarle los terrenos. Cuando se separa unos pasos hay una arrancada descompuesta. José espera tranquilo y mete seguro la muleta para darle salida, pero el toro no le ve, precisamente por su defecto visual, y larga una cornada a ciegas. El pitón penetra en el muslo del torero y cuando su cuerpo está en el aire le tira otra con el pitón contrario que penetra, como una puñalada en la cavidad abdominal. Joselito con palidez de muerte en la cara, no puede ni incorporarse del suelo. “Me ha echao las tripas fuera, Blanquet”, apenas puede pronunciar,  y se desmaya. Ya camino de la enfermería,  con los estertores de la muerte encima dice: “Mascarell, que venga Mascarell”. Joselito padece además del shock traumático, que el corazón le funciona con dificultad. Le atienden los doctores Luque, Ortega y Pajares. ¡Joselito se muere!,  le despojan del vestido de torear grana y oro. Colaboran dos médicos madrileños, Torroba y Pastor. Se suministra al moribundo suero, aceite alcanforado y cafeína, provocando una leve reacción. El herido pronuncia estas palabras: ¡Dejadme que me ahogo! Más inyecciones. La vida se le escapa por el boquete de nueve centímetros. Su cuñado Sánchez Mejías, con quien compartía el cartel ese día,  entra corriendo a la enfermería y contempla el rostro con tintes violáceos y le  toca el triste papel de cerrar los ojos de “Joselito. Las cuadrillas lloran. El sacerdote de la plaza Felipe Vázquez le suministra los santos oleos y “Joselito”  expira a las 7 y 8 minutos de la tarde. El comúnmente aceptado como “el mejor torero de todos los tiempos”, era pura intuición y vocación sin límites. Su técnica perfecta, sus dotes de lidiador, la variedad de su repertorio, el dominio de todas las suertes, le convirtieron en el paradigma del toreo clásico. Por su dominio del toro, en los “mano a mano” con Belmonte siempre le superaba con las reses duras y difíciles, así como en el trasteo de capa. Aquella rivalidad ha sido lo más grandioso en la historia del toreo: “La Edad de Oro del Toreo”, siendo conocido de todos, que aquellos aguerridos lidiadores,  rivales en los ruedos y amigos fuera de ellos, se complementaron en sus artes, aprendiendo el uno del otro con una grande inteligencia y dedicación, que evolucionó para bien de la fiesta, el toreo conocido hasta esos tiempos. Esta muerte conmocionó a toda España. Ha sido uno de los mejores y más completos toreros de todos los tiempos. (Crónica de don Juan José Zaldívar Ortega, de su obra “Víctimas del Toreo”.)lágrimas en tu pañuelo.
Mira cómo sube al cielo
la gracia toreadora.

Niño de amaranto y oro,
cómo llora tu cuadrilla
y cómo llora Sevilla,
despidiéndote del toro.

-Dile adiós, torero mío,
dile adiós a mis veleros
y adiós a mis marineros,
que ya no quiero ser río.

Cuatro arcángeles bajaban
y, abriendo surcos de flores,
al rey de los matadores
en hombros se lo llevaban.

-Virgen de la Macarena
mírame tú, cómo vengo,
tan sin sangre que ya tengo
blanca mi color morena.

¡Virgen del Amor, clavada,
lo mismo que un toro en celo!
Pon a tu espadita bueno
y dale otra vez su espada.

Quítame con tus collares
lo cóncavo de ésta herida
¡que se me escapa la vida
por entre los alamares!

Qué pueda, Virgen, que pueda
volver con sangre a Sevilla
y al frente de mi cuadrilla
lucirme por la Alameda.